Julio 2009
El presidente francés rechaza ante el Parlamento todo "signo de servidumbre" de la mujer
SARKOZY: "EL BURKA NO ES BIENVENIDO EN FRANCIA"
Agencias/ILEC
El presidente de la República francesa, Nicolas Sarkozy, delante de los diputados y senadores reunidos en Versalles, entre otras cosas, ha anunciado reciéntemente que el parlamento francés discutirá la prohibición del niqab (traje que sólo permite llevar descubiertos los ojos) y del burka por parte de las mujeres musulmanas en las calles francesas. Y por si quedaba alguna duda, Sarkozy adelantó su opinión sobre esta forma de vestir: "No es un signo religioso. Es un signo de sometimiento de las mujeres. Por eso, no es bienvenida en el territorio de la República".
El anuncio se hizo en una solemne e inédita comparecencia del Presidente de la República ante el congreso (diputados y senadores), reunidos en Versalles. Es la primera vez, desde 1848, que el jefe del Estado francés comparece de esta forma ante los parlamentarios en un país celoso de su repartición de poderes
Según Sarkozy el burka es contrario a la "idea de la República francesa sobre la dignidad de la mujer", según informa EFE.
"No es un signo religioso, sino de servidumbre", afirmó Sarkozy, quien subrayó que "el burka no es bienvenido en el territorio de la República" francesa. Ante la Asamblea Nacional y el Senado, reunidos de manera extraordinaria en Congreso en Versalles (en las afueras de París), el jefe del Estado francés dijo que el burka "no es un problema religioso", sino "un problema de libertad y de dignidad de las mujeres".
La declaración de Sarkozy, presidente de un país laico, se produce una semana después de que el Gobierno aceptase estudiar una ley que prohíba el uso del burka en Francia, una prenda de origen afgano que oculta completamente a la mujer tras una ancha túnica y sólo cuenta con una pequeña abertura a la altura de los ojos.
Dos días antes, un grupo de unos 60 diputados de diferentes partidos pidió que se abriera una comisión de investigación sobre la proliferación de esa prenda, utilizada por miles de mujeres en Francia, según diversos estudios. Desde que se formuló esta petición, en Francia se ha desatado una polémica similar a la que se produjo en 2004 respecto al velo islámico y que desembocó en una ley que prohíbe el uso de cualquier signo religioso en los lugares públicos, con atención especial a las escuelas.
La iniciativa ha reabierto un debate entre los defensores de las libertades individuales y los que consideran que éstas pueden ser limitadas en nombre del laicismo. El laicismo es un principio de "neutralidad y respeto" a "todas las opiniones y todas las creencias", indicó Sarkozy, quien señaló que "la libertad no es el derecho de cada uno a hacer lo que quiera" y agregó que no se debe equivocar el debate, pues "la religión musulmana debe ser tan respetuosa como las otras religiones".
Sarkozy aprovechó la ocasión para adelantar una renovación del Gobierno para el miércoles y desgranó las líneas maestras de lo que tiene previsto para que Francia salga reforzada de la crisis económica: durante los tres próximos meses el Gobierno se reunirá con todos los líderes sociales, económicos y culturales para elegir los sectores estratégicos donde el Estado debe invertir.
EL VELO
Tribuna El País/Rosa Montero
Llevo tiempo dándole vueltas al tema del velo islámico, porque los articulistas somos un poco como agricultores de ideas, esto es, nos plantamos asuntos en la cabeza y los dejamos madurar, a ver si algún día echan flores. En realidad lo de si Europa debe permitir que las niñas musulmanas lleven velo o no es una cuestión esencial, porque define justamente cuál es el tipo de sociedad en el que queremos vivir. Nuestro futuro será indudablemente mestizo, pero hay maneras muy distintas de serlo.
Los franceses, con ese laicismo que tanto les envidio, han prohibido no ya el velo, sino incluso el pañuelo en los colegios. Una se siente tentada a respaldar la medida por su aroma seglar y feminista, pero las cosas no son tan simples. El sábado salió en EL PAÍS una entrevista con Özdemir, una belga de 26 años y ascendencia turca que acaba de entrar en el Parlamento regional y que ha organizado cierto escándalo al jurar su escaño llevando el pañuelo islámico en la cabeza. Y no sólo el pañuelo: usa manga larga y falda hasta los pies. Venía una foto en el diario y estaba preciosa, aunque seguramente un poco recocida para el verano. Pero, ¿qué diferencia hay entre eso y las tocas de las monjas? Özdemir parece una chica moderna y razonable. Por ejemplo, está en contra de cubrir el rostro, y ésa es una frontera decisiva. No confundamos el velo con el pañuelo: creo que la UE jamás debería permitir los burkas, que marginan y borran a la mujer. Pero el chal en torno a la cabeza, ¿por qué no? Hay que conseguir aunar la defensa cerrada de los derechos democráticos con la admisión de aquellas costumbres que, en realidad, no coartan esos derechos. La frontera del mestizaje pasa por un ejercicio constante de sensatez. O lo que es lo mismo: hay que seguir pensando en estos temas y dirimiendo los casos de uno en uno.